Mi curso de Inglés machista



"Ya que la mujer es la razón primera del pecado, el arma del demonio, la causa de la expulsión del hombre delparaíso y de la destrucción de la antigua ley, y ya que en consecuencia hay que evitar todo comercio con ella,defendemos y prohibimos expresamente que cualquiera se permita introducir una mujer, cualquiera que ella sea,aunque sea la más honesta en esta universidad".
                                                                                                                               
                                                                                                            Decreto de la Universidad de Bologna, 1377.



No soy ese tipo de alumnas que está pendiente todo el tiempo de poder introducir innecesarios bocadillos. Claro que no. Me gustan las clases que son interrumpidas sólo por intervenciones necesarias. Pero en mi última clase de inglés, si no me entrometía siquiera con mis gestos, sentía que iba a sucumbir ante el desastre, ante la catástrofe que quedaría punzándome para siempre el alma, como el peor recuerdo, como la verdad ante la que preferíria quedar ciega. Y mientras tanto debía completar en mi workbook la caracterización de los hombres y mujeres de mi país.

Ella lee revistas y él lee newspapers, digital newspaper and books. Y para ampliar nuestro vocabulario, la teacher escribió como se decía moda, espectáculos, cocina y artesanías. “Nunca una National Geographics”, agregó un mentecato, detrás mio. Pero no podía todavía interrumpir. Escribí “Books”, aunque es posible que yo sea la única que haya leído libros, y de esos que meten ideas raras en la cabeza y nos vuelven a la gente contracorriente en las clases de inglés.

Se reveló también que She likes… going shopping y talking –otra gentileza del mentencato- y He likes playing football and relaxing. La tortura del sondeo continuaba pero ya no pude soportarlo con mutismo. Me atreví a interrumpir con la torpeza que implica hacerlo en cordobés y no en británico: “El hombre también es consumista”, obstaculicé tímidamente.

Para el que no haya podido cursar alguna vez una clase de inglés machista como yo, la traducción es que a la mujer argentina le gusta ir de compras y hablar con sus amigas o su madre. Y al hombre argentino, según estudios recientemente comprobados en mi clase de inglés le gusta jugar al futbol y descansar. Descansar mientras el otro género se deshace de ansiedad por aprovechar el descuento para las botas marrones, y dilapida criticando a alguna prima los mil minutos gratis del plan telefónico español.

Continuó el cuestionario con "She watches telenovelas y talk shows" y que ellos miran programas deportivos y noticieros. Que "She likes going to disco" y otras barbaridades insultantes que ya no pude admitir, y objeté:

“Bueeeeno! Las mujeres podemos poner que nos gusta estudiar, acá somos varias las universitarias. Digo… no es que me encante estudiar, pero si alguien está acá contra su voluntad, ¡que lo diga ya!"

Silencio. “No es que ustedes no estudien, es que se ven más chicas en el shopping que estudiando”, se esforzó por explicarme el ex mentecato, ahora más conocido como el chico que no sabe dónde queda ciudad universitaria pero mata sus tardes realizando observaciones antropológicas en el Patio Olmos.

La campana me salvó y pude deponer el estudio del idioma británico y las costumbres argentinas para venir con paso apurado a hacer mis descargos. Yo no creo que la sociedad considere que todas somos robots consumistas, fundamentalistas de la imagen y telenoveladependientes. O quizás somos un híbrido difícil de comprender para las cabezas que sólo operan con pares de antinomias del tipo: si es linda es tonta, si es coqueta no estudia.

Las mujeres hemos devenido en un género complejo, porque podemos desenvolvernos en muchos roles sin caer en la polarización absoluta.

Quizá no nos representen las imágenes de las mujeres del prime time, siempre semidesnudas, ofrecidas como meros objetos. En la televisión siempre triunfa la actriz embarazada de su reciente romance y la vedette que vive como reina con su futbolista en Europa. Pero incluso ellas son mujeres con otras inquietudes, aunque no se las muestre como tal, porque lo complejo no vende. El producto debe ser simple y acomodarse a las estructuras mentales más básicas.

Las universitarias no sobresalimos en la tele pero nos gusta ir a bailar, vemos telenovelas y leemos libros, hacemos dietas, hablamos con nuestras madres y luchamos por causas sociales y políticas. Ni nosotras nos creemos que la revista de modas de la última colección de temporada es la biblia. Entonces, sería útil empezar a reconocer que los pensamientos gastados, y las representaciones áridas de la mujer en las publicidades de jabon en polvo, parecen inocentes pero desarrollan metástasis en las categorías del pensamiento, retrotraen las luchas diarias de todas las mujeres que obtenemos con esfuerzo pequeños logros y pueden arruinar de una vez y para siempre una clase de inglés.