"Alfabetizarse no es aprender a repetir palabras, sino a decir su palabra".
Paulo Freire.
"Algunas personas nunca aprenden nada, porque todo lo comprenden demasiado pronto".
Alexander Pope.
El otro día, mientras intentaba concentrarme en una “sesión de estudio” me quedé pensando en una comparación no muy divertida y poco relevante, y no esperemos otra cosa. Ese es el bajo nivel de reflexión con el que me encuentran los libros en diciembre.
El otro día, mientras intentaba concentrarme en una “sesión de estudio” me quedé pensando en una comparación no muy divertida y poco relevante, y no esperemos otra cosa. Ese es el bajo nivel de reflexión con el que me encuentran los libros en diciembre.
La comparación es la siguiente: “Estudiar es como hacer una torta”. Y ya sabemos que un recetario trae instrucciones y que a la educación todavía mal la llaman “Instrucción”, como si en el siglo XXI necesitáramos un maestro que nos diga que hacer, qué decir.
El grado de involucramiento es mínimo. Los tiempos de exámenes y la mala predisposición de muchos profesores, hacen que rendir un final sea indigestarnos tragando con rapidez una serie de datos para después ir con malestar, vomitárselos con detalles y volver a nuestros hogares con la cabeza nuevamente vacía. Pero volvamos a esta actividad gastronómica del estudio pre-exámen.
Conseguir los ingredientes parece ser lo de menos, pero lleva su considerado tiempo lograr reunir esos resúmenes “posta” típicos que van pasando de generación en generación de fotocopiadora en fotocopiadora y mas ahora que el mail y las redes sociales ayudan a su reproducción técnica.
Segundo, al estudio podes ponerle, harina, manteca, azúcar, pero si no le pones HUEVO, despedite ya del éxito.
La parte más desigual de la comparación viene cuando entendemos que si batís, y se te cansa el brazo, siempre tenés el otro para ir rotando sucesivamente. PERO ¿CUANDO LO QUE SE NOS CANSA ES EL CEREBRO?! Porque tenemos diez dedos, dos piernas, dos pieza, dos ojos, dos orejas, dos manos, pero la MENTE que es lo que más usamos (no todos) sólo viene en la injusta cantidad de una unidad por persona.
La cabeza satura, descansamos más de lo que batimos, y la torta no leuda, queda pegoteada y el conocimiento no logra desprenderse del apunte. Se queda ahí nomas. Se aproxima la hora del examen y nosotros estamos todavía ahí: ¡EN EL HORNO!
